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Muchas veces hablamos de lo necesario que es que la publicidad aporte algo a las personas para que no pase desapercibida y sea concebida como una actividad inutil. Aportar algo que nos resulte útil, sea lo que sea. El caso que he encontrado hoy consigue dar algo que mucha gente necesita realmente: una iluminación terapéutica.

Umea Energi

Me explico: en la ciudad sueca de Umea los habitantes sólo pueden disponer de 3 horas de luz solar en determinados momentos del año. Esta carencia hace que el balance hormonal de una persona se pueda ver afectado por la falta de luz natural, pudiendo provocar desordenes emocionales o incluso depresiones.

Para contrarrestar esto, Umea Energi ha colocado una instalación en paradas de autobuses con 26 lámparas que imitan el efecto de la luz del sol. Con esta fototerapia la empresa energética intenta paliar los efectos negativos de la falta de sol, mejorando presumiblemente la vida de las personas.

Una gran idea que parte del propio know how de la compañía y que aspira a que la propia marca mejore la vida de su público. Brillante y luminosa.

Me he enterado de este caso por Informa BTL.


¿Nunca se os ha quedado el mítico bigotillo en el labio superior al tomaros una bebida? Pues ahora Valor quiere premiar a todos los chocolatólogos con un concurso que mezcla chocholate, fotografía y redes sociales: Chocobigotes Valor.

Chocobigotes

Este concurso está planteado por el Grupo Enfoca para que compartamos ese momento que todos hemos vivido alguna vez. A través del hashtag #chocobigotes o de la aplicación del Facebook de Valor podéis subir vuestros mostachos. Si sois los elegidos podéis llevaros alguno de los lotes y tazas que Valor regala.

No esperéis más para participar. En cuanto me haga con chocolate sin azúcar (cosas de la diabetes) me vuelvo a dejar un bigote, pero esta vez de los que se quitan sin cuchilla. ¡A chocolatearse!


Últimamente he tenido una conversación recurrente al hablar de la nueva publicidad que siempre ha terminado con una conclusión similar: las marcas deben hacer más fácil la vida de las personas. Las empresas que se dedican a soltar discursos unidireccionales y a hablar de ellas mismas sin preocuparse de a quien se dirigen no tardarán en ir viendo mermada su efectividad. La diferenciación no es una opción, es una obligación, y para ser diferentes dentro de toda esa maraña de competencia es necesario aportar valor a la gente.

Cada vez más vemos a organizaciones que crean acciones o productos que facilitan la vida de las personas. En muchos casos es una especie de integración de los valores de la responsabilidad social corporativa de una empresa a sus acciones de comunicación de marca. Ya no son las cosas que tienen o deben de hacer para quedar bien ante su público, sino que es una filosofía de empresa mucho más sostenible y adaptada a los tiempos.

En  este sentido, me ha gustado la acción que ha realizado Coca Cola en Filipinas al más puro estilo Sorpresa sorpresa. En un país donde tienen que emigrar cada año 11 millones de ciudadanos para buscarse la vida, no existe mayor felicidad que volver a casa. Coca Cola ha hecho esto posible para unas cuantas personas. Happiness is home.

Coca Cola lleva un tiempo vendiendo felicidad y, hasta cierto punto, es exactamente lo que creo que deberían hacer las marcas que pretendan crear un engagement real con su público. No vender productos, sino valores, ventajas reales o modos de ayudar a la gente. Cosas que la gente quiera y necesite. Cosas útiles.

Las marcas deben ayudar a las personas, porque las necesitan. Dar para recibir debería ser la filosofía de la nueva marca. Haz cosas por aquellos que te han hecho grande, te hacen grande y te pueden hacer aún más grande. Se lo debes a ellos y, sin duda, sin su apoyo terminarás hundido. Devuelve a los consumidores todo aquello que te han dado ofreciéndoles todo aquello que necesitan. Es justo y necesario.


Una organización tiene una obligación inexcusable si pretende tener un futuro más allá del corto plazo: debe aportar a sus clientes satisfacción y valor. El viejo paradigma de pagar por lo que se compro está obsoleto en un mercado sin apenas diferenciación entre productos. Si se quiere tener éxito hay dos caminos muy marcados:

  • Tener un producto mucho mejor que la competencia (aunque en el futuro puede cambiar y si no has aportado nada más estas muerto).
  • Aportar algo diferencial a tu consumidor. Algo que los demás no le aporten.

Muchos modelos de empresa optan por lo primero, que probablemente es más caro, más complicado y puede no resultar ser una ventaja diferencial al cabo del tiempo. Las empresas más listas y con proyección de futuro, probablemente optarán por proporcionar valor.

En este caso os traigo un ejemplo que no había visto de los almacenes de ropa Penningtons. Son tiendas de ropa para mujeres de tallas grandes. El hecho de que exista esta diferenciación de tallas en muchos casos puede ser frustrante o incluso humillante para mucha parte de los consumidores. El hecho de tener que ir a comprar a estas tiendas y percibir que no pueden comprar en el mismo sitio que compra todo el mundo puede ser muchas veces causante de reparos o de problemas de autoestima. Para hacer que sus compradoras estuvieran más a gusto con ellas mismas, hicieron esto:

Un pequeño detalle un poco chorra, pero de esos que el consumidor suele agradecer. No aporta nada al producto como tal pero si al cliente. Recuerda que utiliza tu ropa para verse bien, no para ver lo bonito que es ese vestido. Para eso lo tendría colgado de un perchero y no lo llevaría encima. Sea como sea, tienes que hacer sentir a tu consumidor bien, darle una razón para que vuelva. Hacer que se vincule emocionalmente con tu marca de una manera positiva. Al fin y al cabo, a nadie le amarga un dulce, ¿no? ¡Guap@s tod@s! ;)


En la vida muchas veces (y un servidor se incluye) pecamos de cumplidores. Con eso me refiero a que hacemos lo que tenemos que hacer y punto. Nada más. No pensamos que cada encargo, cada trabajo o cada acción puede convertirse en algo extraordinario sólo con aportar un poquito más. Aportar valor más allá del valor propio de lo que hacemos.

Exactamente eso es lo que han hecho en Young & Rubicam Brisbane: aportar valor a lo que tenían que hacer. La cervecera SP les pidió que hicieran su informe anual, uno de esos aburridos mamotretos llenos de datos y que al cabo de un tiempo terminan siendo pasto de los camiones de basura. Es todo un reto hacer algo útil de ello, más allá de su uso inicial. Pues bien, hicieron el informe, pero no se quedaron sólo ahí. Lo crearon a partir de posavasos individuales que juntos conformarían el total del libreto.

Es decir, cambiaron un objeto cotidiano que tiene un uso limitado en el tiempo por otro cuyo uso se puede extender en el tiempo más allá de su objetivo principal. Además de lo curioso que resulta, ese poquito extra hace que se convierta en algo con más valor. A veces deberíamos ir un poco más allá de, simplemente, lo que deberíamos hacer. Cumplir menos y hacer más. Todo es mejorable y todo puede tener más valor de lo que tiene.



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