Marketing, publicidad, relaciones públicas y tecnología aplicada a la comunicación

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El amor por nuestras posesiones más preciadas llega a veces a unos niveles ridículos de exageración. El Conde Scarpa, un millonario brasileño, ha enterrado su Bentley (valorado en  370.000 euros) para poder disponer de él cuando fallezca. No sólo eso, sino que realizó un funeral con él, al igual que lo hará en un futuro con el resto de sus posesiones favoritas.

Tumba Bentley

El hombre vio un documental sobre los egipcios y las pirámides, de donde cogió la idea de ser enterrado con sus objetos más preciados para disfrutarlos en el más allá. Suena todo un poco chorra, pero ejemplifica muy bien el amor de mucha gente por sus marcas favoritas, de las cuales no se quiere deshacer ni después de muerto. Nadie sabe si hay vida después de la muerte o no, pero si hay mejor disfrutarla en un Bentley que en un Fiat Panda.

Bentley grave

Al final todo esto tenía trampa. La noticia era un ardid para atraer a los medios y hablar sobre la donación de órganos. El propio Scarpa dijo en la rueda de prensa que se organizó por motivo de su falso entierro: “No he enterrado mi coche, pero el todo el mundo pensaba que era absurdo cuando dije que lo haría. Es absurdo enterrar nuestros cuerpos, que podrían salvar muchas vidas. Hay algo más absurdo que enterrar un Bentley, y es enterrar tus órganos”.

Gran manera de llamar la atención sobre una realidad necesitada de comunicación.

Scarpa donación

Leído en El Imparcial.


Los virales son el mana del siglo XXI. Todo publicitario reza fervientemente porque su campaña se convierta en un fenómeno de masas a través del boca-oído, youtube o las redes sociales, con lo que cada vez más se realizan acciones destinadas directamente a ello. Algunas de estas acciones son increíbles creaciones de street marketing, que en principio cuentan con una audiencia muy limitada, pero que gracias al público y a las posibilidades que da internet se amplifican hasta alcanzar una notoriedad muuuuucho más amplia que la alcanza la simple acción. Es decir, a pesar de que al final se acaba difundiendo como un virus, ya tenía una cierta entidad por sí misma y en su categoría publicitaria.

Pero existe otro caso distinto, que son los vídeos que nacen para ser difundidos por la red sí o sí, ya que de otra manera se quedarían en un simple spot fallido o en un esfuerzo comunicativo poco claro. Estos son los casos de virales que nacen y mueren en youtube, de anuncios sin mucho sentido práctico o de simples vídeos falsos con necesidad de ser difundidos. Esto empezó con el sempiterno “Amo a Laura” de la MTV, pero es una constante en la sociedad en la que vivimos.

Es evidente que el fenómeno de la viralidad nace del usuario, pero muchas veces el propósito de la misma surge de las propias agencias. Me parecen dos buenas opciones, aunque siempre soy de los que optaría porque la acción por sí misma tenga una cierta relevancia (como en el primer vídeo que he puesto), ya que sino corres el riesgo de que el usuario crea haber sido engañado o manipulado. En muchos productos de consumo puede correrse este riesgo, pero puede llegar un momento que ciertas asociaciones indirectas enfaden de verdad a los consumidores, que han visto un vídeo una y otra vez que significaba algo que ni siquiera captaban y con cuyos valores no están de acuerdo.

Como ya he dicho, es cuestión de gustos: ¿hacer una pieza para ser viral o que se cree sólo a partir de la repercusión que tenga? ¿Se hace o nace? El objetivo está claro, hacer interactuar al público voluntariamente con la marca sin que perciba nuestra comunicación directamente como publicidad. La viralidad es la aspiración última de toda campaña, pero… ¿debe ser la única aspiración?

Aquí os dejo un vídeo ¿viral? para el debate: ¿fake autocreado o la enésima exageración con el Photoshop? ¿Qué opinais?



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