Cuando estamos acostumbrados a ver todos los días un mismo paisaje urbano (o rural, pero en este caso el de ciudad es al que nos referimos),  lo único que puede llamar nuestra atención es la ruptura frente a esa rutina. He aquí donde entran los UniBarcelona y la publicidad, cuya labor comunicativa requiere principalmente de tres cosas: la primera, lanzar un mensaje de una forma clara, inequívoca y memorable; la segunda, utilizar los elementos disponibles del espacio; y la tercera, romper con la linealidad de ese mismo espacio.

Los soportes publicitarios habituales son concebidos como parte indisoluble de ese paisaje que vemos todos los días, por lo que es más complicado prestarles atención si los comparamos con algo que no estamos habituados (aunque cambien los mensajes). Y como es difícil modificar sustancialmente todos estos elementos que inundan nuestras calles, hay que jugar con ellos y convertirlos en algo nuevo. De ahí, el valor del ambient marketing como elemento disruptivo dentro de nuestro hábitat habitual.

En esta ocasión, os traigo 20 ejemplos en el que el ingenio, el oportunismo y la creatividad convierten el mobiliario urbano en piezas comunicativas que no pasan desapercibidas para ninguno de esos peatones que, día tras día, han ignorado todos esos elementos del escenario.

Como habéis podido ver, la creatividad publicitaria combinada con un diseño brillante, es capaz de convertir elementos como farolas, pasos de cebra o arbustos en elementos con potencial comunicativo, fuertemente vinculado a las marcas que se anuncian.

Utilizando, por ejemplo, una valla, el impacto comunicativo habría sido menor porque los peatones ya saben que se enfrentan a un mensaje comercial y, además, lo único que varía de este soporte está su interior. Con el ambient marketing, convertimos el mobiliario urbano en mensaje de una manera que sorprende. Y, al final, la sorpresa siempre consigue como mínimo que prestemos nuestra atención. Y eso, en un mundo sobresaturado de mensajes, es muchísimo.

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