Los que me conocen saben que no soy muy fan de Apple. Es más, me repatea mucho. Tengo mis razones y no es el momento de exponerlas, pero tengo claro que cuando hay miles de personas detrás de una marca, defendiéndola con fervor año tras año, algo hay. Me guste o no.

El otro día saltó la liebre. El gurú de los gurús, Steve Jobs, deja su trabajo en Apple debido a sus problemas de salud. Obviamente no creo que haya tonto en la tierra que se atreva a desearle una enfermedad grave a nadie, le caiga como le caiga, así que para todo el mundo que esté inmerso en la tecnología y la innovación es una noticia muy triste. Entre todos los demás ha caído también como un jarro de agua fría.

Steve Jobs fue el hombre capaz de hacer de Apple una marca fuerte, conocida y reputada. A pesar de ser un nombre de ordenadores, es también un comunicador nato. Un hombre que, según dicen, era capaz de sacar lo mejor de los demás y de perfeccionar cada detalle sin descanso. Tal vez esa razón haya sido gran parte de su éxito: ser capaz de transmitir de verdad y el hecho de saber que de los pequeños detalles surgen las grandes virtudes.

Con su renuncia, Jobs ha dejado tras de sí muchas dudas. La gente se empieza a preguntar si existe vida en Apple sin él. No obstante, Jobs no sólo creó la empresa sino que la resucito a su vuelta tras haber sido injustamente despedido. Parecen unas dudas razonables, pero sinceramente parece que la cosa va a continuar como estaba. El trabajo de estos años ha sido lo suficientemente bueno y efectivo como para colocar a la marca en una posición líder en su mercado, con una estrategia a largo plazo innovadora y con una imagen de marca fuerte. Fortísima, diría yo. Probablemente éste haya sido uno de los grandes aciertos de Jobs. No pensar en el cortoplacismo, si no en el futuro. Adelantarse a todos. Durante años Apple parecía rezagado, pero estaba guardando fuerzas, tomando impulso. Le tomó el pulso al marcado y, con paciencia, fue introduciendo novedades absolutas tales como los iPod, los iPhone o los iPad. Primaron el futuro al presente, mezclándolo además con estética y con un profundo conocimiento (o por lo menos, con una intuición absolutamente acertada) de por donde se iba a mover el mundo en unos años.

Sea como sea, la noticia de Jobs ha impactado, y mucho. Son muchos sus méritos, pero en lo que a comunicación se refiere, me parece absolutamente asombroso como ha conseguido crear una marca y darle una identidad tan brutal. Gracias a eso, cuenta con un ejército de seguidores fieles de Apple y miles de evangelizadores. Pocas marcas pueden contar con ello a tan gran escala. A veces parece que la lucha de Apple vs The world es como un Madrid-Barça: no se puede ser de los dos a la vez.

Por todo esto y mucho más, Jobs es y ha sido un hombre importante dentro del mundo de la comunicación, aunque no sea como tal un comunicador. De ahí este post. Y aunque en este rincón no comulgue con la política de Apple en decenas (cientos, miles…) de cosas, hay que darle al César lo que es del César. Esperemos que uno de los genios de los últimos años pueda volver con fuerzas. Le deseamos lo mejor a Steve Jobs, adalid de la innovación y poderoso conocedor del valor de crear una gran marca, no sólo un gran producto.

Como regalo, el maravilloso spot de 1984. Uno de los mejores de la historia de la empresa de Cupertino y de la publicidad.