Desde hace un tiempo atrás, en el mundo de la comunicación vivimos inmersos en un debate constante: ¿La publicidad ha muerto? Por todos lados aparecen esos autoproclamados gurús hablando de que la publicidad tal y como la conocemos ha fallecido irremediablemente. Que ya no funcionan los anuncios en televisión, radio, prensa y demás gaitas. Que no es que haya cambiado la forma, sino que el fondo se ha transformado. Las fórmulas tradicionales ya no valen, no son efectivas y se ha llegado a una nueva realidad en la que todo ha quedado obsoleto.

Y esto es lo que, en mi humilde opinión, viene a llamarse exagerar.

Está claro que hay nuevos medios y nuevas herramientas. Nuevas formas de operar. Pero de ahí a decir que todo lo demás ya no vale existe una gran distancia. Se usan otros métodos, pero el fondo siempre es el mismo: se utilizan todos los recursos de los que se dispone para vender. Se siguen contando historias, intentando hacer participar a los consumidores de la marca, se crean experiencias, mundos utópicos, etc, etc, etc. Vamos, que se sigue haciendo lo que siempre se ha hecho. Eso no ha cambiado.

Realmente la forma es lo “menos” importante. Me explico. Un anunciante que quiera vender determinado producto lo que pretende conseguir es exactamente eso, venderlo. Le da igual cómo, pero quiere conseguir ventas en el presente y asegurarse un público para el futuro. Le viene sin cuidado si se utilizan cuñas, spots, acciones de social media, banners, marketing experiencial o lo que sea. Simplemente, quiere cumplir sus objetivos. Y desde la publicidad es lo mismo: se utilizará la herramienta necesaria para conseguir el objetivo necesario. Eso no cambia. Online u offline. A partir de publicidad tradicional o below the line. Lo que sea.

Siempre ha existido ese diálogo (más o menos fluido) entre marcas y personas que parece que apareció antes de ayer. Aparecen nuevos soportes cada día, pero se siguen utilizando también los tradicionales. Cuando apareció la televisión los agoreros de la época pronosticaron el final de la radio. Con internet se pronosticó el final de la prensa escrita. Nada nuevo. Se ve que a la gente le da por matar todo lo que pasa por delante. Tal vez acaben desapareciendo algunos medios o soportes (no parece que sea así a corto/medio plazo), pero no cambiará la manera de comunicar.

A la gente se llega por sus esperanzas, por sus deseos, por sus necesidades. Ahora y hace cien años. La publicidad lleva haciendo eso toda la vida: lo hizo en su momento y lo hace ahora. Y lo hará en el futuro. Más que nada porque lo que hay que hacer es comunicar y transmitir determinadas cosas al público. Y eso, no va a cambiar. La publicidad y los medios que se utilicen son simples intermediarios para hacer llegar el mensaje de las organizaciones a las personas de a pie. Tenemos más herramientas que nunca, más opciones que nunca. Pero eso no tiene que llevar a engaño a nadie. Esto, simplemente, nos otorga más maneras para hacer lo que tenemos que hacer: comunicar. Que a nadie se le olvide el fondo porque por más que cambie la forma siempre va a estar ahí. La publicidad no ha muerto, sólo va evolucionando.