Por alguna razón en ocasiones nos olvidamos de que gran parte de la publicidad molesta a las personas.

Desde hace unos años el emplazamiento de producto se ha mostrado como un buen aliado para las marcas. En la sociedad en la que vivimos la gente ya parece anestesiada ante la publicidad y parece que posee mecanismos de defensa para ignorar toda la que no sea relevante. Por esta razón en los años 80 se empezó a poner en boga otra vez esta medida, con la cual se podía incluir la marca o el producto en programas de televisión, cine, etc… las posibilidades son tan infinitas como las que ofrece el propio medio en sí. En cualquier serie o película aparecen cientos de productos de una manera natural y se pueden introducir otros tantos de una forma que no suponga algo extraño. El problema es cuando sí lo supone.

Parece que nos hemos olvidado de que el product placement es una medida efectiva para hacer publicidad sin que parezca que es publicidad. Una medida para aprovechar que las marcas están integradas en la vida diaria (mira en este momento a tu alrededor y cuenta cuantas marcas ves a primera vista). Cada vez más podemos ver programas o películas en los que se le intenta dar una relevancia tal al producto que evidencia que nos encontramos ante publicidad pura y dura. Primeros planos, incursiones sin venir a cuento, iluminaciones ridículamente evidentes… vamos, que parece que el producto está gritando: “Eh, soy publicidad. No me ignores”. ¿Desde cuando eso es publicidad?

Tal vez hemos perdido la perspectiva. Parece que se han dejado de hacer esfuerzos por integrar la publicidad de una manera no invasiva y hemos entrado al juego de “pon el logo en gigante lo primero”. Se supone que somos un sector creativo, pero a veces eso se pone en tela de juicio cuando lo mejor que podemos hacer para enmarcar un producto dentro de una escena es hacer un primer plano de un producto descontextualizado con una iluminación diferente a la del resto de lo que estamos viendo.

Ni mucho menos estoy en contra del emplazamiento de producto. Es más, me parece una buena manera de hacer una publicidad en televisión (o cine) que no crispe a la gente. El problema es cuando tiene tal preponderancia que se pierde todo al sentido. Sale perdiendo la marca. Sale perdiendo el programa. Sale perdiendo el espectador. Vamos, no gana nadie. Debemos hacer el esfuerzo por integrar las marcas o si no buscar otras vías para hacer publicidad. Todo en su justa medida, por favor.

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