La pasada nochebuena Spanair con la colaboración de Shakleton llevó a cabo esta acción que muestro en el vídeo de a continuación. No quiero chafárosla, así que vedla vosotros mismos.

A veces el mundo parece gris y triste hasta que una cosa, un simple detalle cambia todo. Cuando la melancolía hace mella por culpa de tener que estar volando en la noche del año que más ganas tienes de estar en casa con los tuyos, más necesitas de esos pequeños milagros que hacen que la vida sea maravillosa por momentos. Y eso es lo que se ha conseguido con esta acción. Una simpleza genial, un resultado enorme. Con un simple detalle cientos de personas son un poco más felices. Un detalle por el que los pasajeros de la compañía notan verdadera intimidad hacia la propia Spanair. Un pequeño gesto de amor porque, desengañémonos, en la publicidad y en los negocios puede haber amor (aunque sea interesado), y ese amor es el mayor vínculo que puede existir entre marca y consumidor. Al fin y al cabo, todos tenemos nuestras lovemarks metidas a fuego en la cabeza sin que nada racional lo explique salvo ese vínculo que nos une a ella.

Como dijo el gran arquitecto Mies Van der Rohe y me repitió hace poco mi adorado Paul Fleming Dios está en los detalles. Y en esos detalles se manifiesta el amor. Eso sí, el amor tiene que tener una gran base más allá de los detalles para que la relación entre marca e individuo funcione. Al fin y al cabo, el amor (sea por lo que sea) es lo que sostiene la gran mayoría de las relaciones humanas y lo que condiciona nuestras decisiones.

Anuncios