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Si por mi fuera, prohibiría los case study. Muchas agencias ponen más recursos en ellos que en sus campañas y suelen “camuflar” la idea que hay detrás, haciendo que parezca mucho mejor de lo que es realmente. De hecho, en muchos casos son más simulacros de campañas que otra cosa.

Ningún festival serio debería permitirlos, pero lo cierto es que de momento eso parece una utopía.

Evidentemente no soy el único que piensa así. De hecho, este vídeo que he encontrado en Brainstorm9 parodia la pantomima de los vídeos que explican ideas.

¿Y tú qué opinión tienes sobre los case studies?


no + publicidad invasiva

Hace un tiempo ya hable de por qué creo que los publicitarios nos estamos cargando la publicidad. Demasiada repetición, demasiada publicidad invasiva, demasiada saturación, etc. Mucha gente opina de una manera similar, entre ellos la gente de Brandominus, que han comenzado una lucha para que desaparezca la publicidad invasiva. Aquí podéis leer su manifiesto y aquí podéis firmar su petición para reducir el tiempo de publicidad en tv.

Aunque soy consciente de que la publicidad siempre va a tener un componente invasivo (necesario para sufragar los gastos de muchas cosas), estoy de acuerdo en que es en necesario reducirlo drásticamente. Estés o no de acuerdo, es algo sobre lo que viene bien reflexionar. ¿Qué opinas?


Existe un gran mal endémico dentro de la publicidad: los premios. Las agencias están demasiado enfocadas a los festivales y muchas veces se pierden de vista los verdaderos objetivos de esta profesión. Para mostrarlo y reírse un rato, la agencia Rethink ha creado unos premios paródicos, pero que beben mucho de la realidad: The Caseys.

Con categorías como Mejor uso del making of o Mejor uso de la gente de la agencia posando como personas reales, The Caseys se ríen de la obsesión publicitaria por los case study, a los cuales se les suele poner más empeño que en las campañas.

Un vídeo divertido que debería hacernos reflexionar sobre a quién destinamos la publicidad que hacemos: si a la gente a la que la deberíamos dirigirnos o al jurado de Cannes. ¿Tú qué piensas?

People posing as people


A la mayoría de la gente no le gusta la publicidad. Es comprensible. Al parecer, desde dentro de la industria, hemos estado trabajando para que el gran público la odie. Y lo hemos conseguido.

Hemos realizado piezas malísimas, aburridas o, simplemente engañosas. Hemos hecho trabajos que no aportan valor. Como en todas las profesiones, diréis. Sí, como en todas las profesiones, pero no en todas se empeñan en que suframos una y otra vez todo aquello que no nos gusta.

No es mi tarea juzgar el trabajo creativo de los demás, pero el principal problema que veo es el modo de difusión de estos mensajes. Nos hemos empeñado en hacer de la repetición nuestro modo de vida. Muchas veces por culpa propia y muchas veces por culpa de los anunciantes (aunque es nuestro deber educarlos porque nosotros somos los profesionales de la comunicación).

Una noche cualquiera te pones a ver la tele. Sólo un par de horitas. En ese par de horitas puedes sacar unas cuantas conclusiones:

  1. Lo de los 12 minutos por hora de publicidad se saltan a la torera.
  2. Hay marcas que repiten sus spots hasta la saciedad.

En ese tiempo, he visto (por ejemplo) tres veces el anuncio de San Miguel, tres veces el de Canal+ de Simeone y otras tantas el nuevo de Ikea. Y no es una excepción: el spot de Ciudadanos De Un Lugar Llamado Mundo llevo viéndolo aproximadamente unas 3 o 4 veces al día durante el último mes (sin ser un heavy user de tv), lo que equivale a unos 100 impactos. No creo que ésta sea una frecuencia adecuada para nadie. Sólo puede provocar lo que me ha ocurrido a mí: que termine odiando una campaña contra la que no tenía nada.

San-Miguel

Además las cadenas de TV nos hacen un flaco favor. Por ejemplo, metiendo un bloque publicitario en medio del final de una peli. Sí, nos obligarán a verlo porque nos hemos tragado las 2 horas anteriores de programa y queremos ver como acaba, pero la predisposición a odiar ese bloque y el cabreo que tenemos con los anunciantes es curioso. Una cosa es que exista una figura demiúrgica que nos “obligue” a ver los anuncios, y otra cosa es que lo haga con una metafórica patada en los cojones de regalo. No creo que esa sea la mejor manera de provocar una predisposición favorable ante los anunciantes. No es cuestión de que nos traguemos los anuncios, si no de que verlos valga para algo.

En vez de preocuparnos por bombardear por saturación a los consumidores, deberíamos preocuparnos por crear contenidos que la gente quiera volver a ver por su cuenta. Habrán planificadores que me contradigan, pero prefiero que una persona vea mi anuncio una vez y lo comparta porque le gusta, a que tenga un OTS de 8 y se lo trague como quien no quiere la cosa (y en el peor de los casos, de mala gana). Entiendo las necesidades de cobertura y notoriedad de las marcas, pero o se está calculando mal la manera de llegar o está profundamente obsoleta. Primamos cantidad en vez de calidad.

Los anuncios son contenido, al igual que las series o las películas. Y no todos los contenidos son Los Simpson y los puedes repetir hasta el día del juicio final. Preocupémonos más por lo que decimos y menos por las inserciones que pagamos. Seguramente todos saldremos ganando.

¿Vosotros que pensáis de todo esto?


Los tiempos han cambiado y la publicidad ha cambiado con ellos. Hace unos cuantos años podíamos ver verdaderas barbaridades comunicativas que ahora han sido totalmente desterradas de los medios. No obstante, algunos ejemplos son bastante curiosos, así que aquí os dejo 20 ejemplos de publicidad que no pasarían ningún filtro en la actualidad.



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