Una organización tiene una obligación inexcusable si pretende tener un futuro más allá del corto plazo: debe aportar a sus clientes satisfacción y valor. El viejo paradigma de pagar por lo que se compro está obsoleto en un mercado sin apenas diferenciación entre productos. Si se quiere tener éxito hay dos caminos muy marcados:

  • Tener un producto mucho mejor que la competencia (aunque en el futuro puede cambiar y si no has aportado nada más estas muerto).
  • Aportar algo diferencial a tu consumidor. Algo que los demás no le aporten.

Muchos modelos de empresa optan por lo primero, que probablemente es más caro, más complicado y puede no resultar ser una ventaja diferencial al cabo del tiempo. Las empresas más listas y con proyección de futuro, probablemente optarán por proporcionar valor.

En este caso os traigo un ejemplo que no había visto de los almacenes de ropa Penningtons. Son tiendas de ropa para mujeres de tallas grandes. El hecho de que exista esta diferenciación de tallas en muchos casos puede ser frustrante o incluso humillante para mucha parte de los consumidores. El hecho de tener que ir a comprar a estas tiendas y percibir que no pueden comprar en el mismo sitio que compra todo el mundo puede ser muchas veces causante de reparos o de problemas de autoestima. Para hacer que sus compradoras estuvieran más a gusto con ellas mismas, hicieron esto:

Un pequeño detalle un poco chorra, pero de esos que el consumidor suele agradecer. No aporta nada al producto como tal pero si al cliente. Recuerda que utiliza tu ropa para verse bien, no para ver lo bonito que es ese vestido. Para eso lo tendría colgado de un perchero y no lo llevaría encima. Sea como sea, tienes que hacer sentir a tu consumidor bien, darle una razón para que vuelva. Hacer que se vincule emocionalmente con tu marca de una manera positiva. Al fin y al cabo, a nadie le amarga un dulce, ¿no? ¡Guap@s tod@s! ;)

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